El cemento va donde se necesita, no donde llega el camión. Quien hace una solera de cimentación para una ampliación trasera, un murete en el jardín o el solado de un local en planta baja sin acceso para vehículos, lo sabe: la hormigonera fija se queda en la calle y el hormigón llega en cubos o carretillas durante cincuenta metros. Ahí nace la idea de la hormigonera sobre la máquina de orugas.
Cómo funciona
La hormigonera de orugas es un tambor de amasado montado en lugar de la caja en una carretilla de orugas. Se carga, se mezcla mientras avanza y, al llegar al punto de vertido, se descarga volcando: en las versiones giratorias el tambor rota y descarga de lado, sin necesidad de girar la máquina. En las versiones autocargantes, la cuchara situada delante del tambor recoge arena y grava del montón: un solo operario hace todo, desde el acopio hasta el vertido.
La diferencia con la carretilla no es solo la cantidad por viaje: es que el hormigón llega amasado y fresco al punto de vertido, en lugar de amasarse lejos y transportarse mientras empieza a fraguar.
Cuándo conviene y cuándo no
Conviene donde el camión no llega y donde los vertidos son pequeños pero repetidos: cimentaciones de cerramientos, pilotes, bordillos, solados en rehabilitación, trabajos en casco histórico con acceso por un portal. Conviene en pendiente, donde la carretilla manual es un riesgo. No conviene para un vertido grande en un único punto: ahí el camión hormigonera con bomba hace en una hora lo que la hormigonera de orugas hace en una jornada.
Una regla práctica: si el problema es la cantidad, se llama al camión hormigonera; si el problema es el acceso, se mete la hormigonera dentro.
Fija o intercambiable
Hay dos opciones. La primera es una máquina concebida como hormigonera, con el tambor montado de fábrica: más sencilla, siempre lista, pero hace solo eso. La segunda es una carretilla de orugas con el tambor como equipo intercambiable: la misma máquina transporta áridos por la mañana con la caja y, por la tarde, cambiado el equipo, amasa. La segunda conviene a la empresa que hace de todo; la primera a quien vierte todos los días.
En la gama Cormidi la hormigonera existe como equipo sobre los dumpers de orugas, en versión volcable, autocargante y giratoria, y sobre las CMF multifunción con tambores de 450 y 600 litros brutos; las CMF pasan de la hormigonera a la caja o a la placa portaherramientas con el mismo tren de rodaje.
Qué revisar antes
El paso más estrecho entre la calle y el punto de vertido, con la máquina cargada: eso es lo que determina el modelo. La pendiente del recorrido con el tambor lleno. Dónde se toma el agua. Y cuántos vertidos se hacen en un año: por debajo de cierta frecuencia se alquila, por encima se compra. El distribuidor de zona puede mostrar la máquina amasando en la propia obra, que es la única prueba que tiene sentido.