Una carretilla de orugas se avería casi siempre por las mismas tres razones, y ninguna es un fallo de verdad: orugas demasiado flojas o demasiado tensas, aceite hidráulico olvidado, y suciedad dejada encima al terminar la jornada.
Todo son cosas de cinco minutos. El problema es que esos cinco minutos se saltan justo cuando la máquina está trabajando mucho, es decir, cuando más harían falta.
Cada día, antes de empezar
Mira debajo. La tierra y las piedras encajadas entre oruga y rodillo son la primera causa de desgaste anómalo. Si la máquina ha trabajado en arcilla o en obra, la costra endurecida durante la noche trabaja como una lima.
Comprueba el nivel de aceite hidráulico con la máquina fría y en llano. Un nivel que baja no es consumo: es una fuga, y hay que buscarla enseguida. Un racor que gotea hoy es un latiguillo que revienta dentro de un mes, normalmente con la caja cargada.
Ojo a las manchas debajo de la máquina después de que haya estado parada. Una mancha dice más que cualquier testigo.
Filtro de aire: si trabajas en polvo — demoliciones, arena, caminos sin asfaltar — míralo todos los días, no cada cierto tiempo. Un motor que aspira polvo se desgasta en silencio y no se entera nadie hasta que empieza a fallar.
La tensión de las orugas, que es lo que todos equivocan
Una oruga demasiado floja se descarrila: se sale de la guía en curva o en pendiente, y cuando vuelve a entrar mal estropea los bordes. Una oruga demasiado tensa es peor: castiga rodamientos, rodillos y motor de traslación, y los consume sin hacer ruido.
La medida correcta es la del manual de tu máquina, y no es la misma para todos los modelos: se controla la flecha, es decir cuánto cede la oruga en el tramo libre entre las ruedas. Hazlo siempre con la máquina limpia: con la tierra metida, la oruga parece más tensa de lo que está, y acabas aflojándola sin necesidad.
Controla la tensión con la misma frecuencia con la que repostas. Es el único intervalo que se recuerda de verdad.
Cada semana
Engrasa todos los puntos previstos. Las articulaciones de la caja y del basculante trabajan bajo carga y sucias: son las primeras en coger holgura.
Batería y conexiones: bornes limpios y apretados. La mayoría de los arranques fallidos no son la batería, son el borne.
Tornillería del tren de rodaje y de los equipos. Las vibraciones aflojan, y un tornillo que falta hace trabajar mal a todos los demás.
Caja y plataforma: limpia el material incrustado. Después del hormigón, o en una hormigonera, hay que hacerlo el mismo día, no al día siguiente.
Al final de la jornada, los cinco minutos que más valen
Lavar la máquina no es limpieza, es mantenimiento. La tierra que se seca encima de las orugas y de los rodillos durante la noche, al día siguiente es piedra.
Lava con agua, no con la lanza de alta presión apuntada a rodamientos y retenes: el agua a presión entra donde no debe y se lleva la grasa. Y déjala secar antes de guardarla.
Cuando la máquina queda parada
- Depósito lleno, no vacío: el combustible que falta deja sitio a la condensación.
- Batería desconectada, o mejor con mantenedor de carga.
- En el primer arranque tras una parada larga, haz girar la máquina en vacío unos minutos antes de cargarla: el aceite tiene que volver donde hace falta.
Los tres errores que más cuestan
Esperar al ruido. Un rodamiento que silba es un rodamiento ya perdido. El mantenimiento sirve para no llegar ahí.
Rellenar en vez de buscar. Si el aceite baja, no es normal.
Usar la máquina sucia. Es el error más extendido y el más caro: hoy no rompe nada, acorta la vida de todo.
En resumen
Cinco minutos antes de empezar, cinco al terminar, y media hora a la semana. Con eso, una carretilla de orugas trabaja años haciendo solo su trabajo.
Para los intervalos exactos — filtros, cambios de aceite, revisiones programadas — vale el manual de tu máquina, no las reglas generales: cambian de un modelo a otro.